Columna de Opinión | IGP y su moderna red de monitoreo de volcanes

Los volcanes no anuncian una erupción de un día para otro. Antes pueden emitir señales que, detectadas y analizadas a tiempo, permiten anticipar escenarios y reducir riesgos. En el Perú, esta tarea está a cargo del Instituto Geofísico del Perú (IGP), que vigila de manera permanente los volcanes del sur mediante tecnología especializada y genera información en tiempo real para las autoridades y la población.

En el país se han identificado más de 400 volcanes, principalmente en Ayacucho, Arequipa, Cusco, Puno, Moquegua y Tacna. De ellos, 16 son activos o podrían volver a presentar actividad, por lo que requieren vigilancia permanente debido a su cercanía con centros poblados.

Desde 2018, el Centro Nacional Vulcanológico (CENVUL), servicio oficial del IGP, monitorea 13 volcanes mediante estaciones multiparamétricas: Sara Sara, Auquihuato, Coropuna, Sabancaya, Chachani, Misti, Ubinas, Huaynaputina, Ticsani, Yucamane, Tutupaca, Casiri y Purupuruni. Estas estaciones registran señales asociadas a la actividad volcánica y transmiten los datos, mediante radioenlaces o internet, al CENVUL en Arequipa.

La fortaleza de esta red está en combinar distintas señales. Los sismómetros permiten “escuchar” lo que ocurre bajo tierra y detectar movimientos asociados al magma y los gases. Existen distintos tipos de sismos volcánicos: unos asociados al desplazamiento de fluidos calientes conocidos como “tornillos”, y otros se deben a tensiones en la corteza terrestre. Un aumento de estas señales puede advertir que el volcán se está «cargando» antes de una posible erupción.

Pero no solo se escucha al volcán: también se observa cómo cambia. Los receptores GPS de alta precisión detectan deformaciones de apenas milímetros en su superficie, mientras que estaciones automáticas miden la cantidad y composición de los gases, con especial atención al dióxido de azufre. A ello se suman cámaras diurnas y nocturnas que permiten observar columnas de ceniza y flujos de lodo o lahares.

Toda esta información, analizada de manera continua por especialistas, permite conocer mejor el comportamiento de los volcanes y emitir alertas oportunas cuando corresponde. Se trata de una red desarrollada con capacidades científicas y tecnológicas peruanas, al servicio de la prevención y la gestión del riesgo de desastres.

Vigilar un volcán es, en esencia, escuchar, medir y observar para proteger. Ese es el compromiso del IGP: hacer “Ciencia para proteger, ciencia para avanzar”.

Columna de opinión publicada en el diario Correo Arequipa

Esta noticia pertenece al compendio Columna de Opinión

Fuente oficial: Unidad Funcional de Comunicaciones — Plataforma Digital Única del Estado Peruano (Gob.pe)

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